Toma decisiones estratégicas sin claridad legal sobre el uso de datos personales.
Pierde oportunidades por no contar con la documentación que exigen clientes, socios o autoridades.
Falta de marco legal sólido que afecta la confianza del cliente.
No sabe cómo responder ante filtraciones de datos.
Gestiona datos de forma desordenada, generando fallas y conflictos internos.
Asegura cumplir con la privacidad, pero una auditoría mostraría lo contrario y comprometería su reputación.
Usa Inteligencia Artificial sin evaluar riesgos legales.
El equipo no está capacitado en privacidad, lo que provoca errores y decisiones riesgosas.